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30 de agosto de 2014

El que entra no sale... el que entra no sale...

Ah...!  esa especie de sectas modernas que son los grupitos de Whatsapp. Entras en uno con (relativa) ilusión, y cuando pierdes el interés no sabes cómo salir de él sin ofender a los demás miembros. (Alguien como Marlon no habría tenido este problemilla. Aunque tampoco me lo imagino metiéndose en estos jardines, la verdad...)

Empiezas por silenciar al grupo, para al menos no estar escuchando pitidos constantes de nuevas alertas. Pero esa medida no basta, porque cada vez que abres la aplicación,  aparecen las notificaciones, a pesar de haber configurado los ajustes para no recibirlas. ¡Qué cruz!
Entonces lees y relees la "Ayuda" de Whatsapp para comprobar que no has pasado por alto el paso clave para mantener el grupo aparcado. Nada. Buscas en Google, en foros. Alguien sugiere el nombre de una app para abandonar grupos sin que los demás se den cuenta. Bingo. [...]  Mierda: la aplicación no funciona o ya no existe.
Te planteas dar una segunda oportunidad al grupo, volver a participar, a ver si por casualidad surgiera un interés renovado. Pero la cosa no funciona, y pronto empiezas a acordarte de lo feliz (bueno, más o menos) que eras antes de toda esta milonga de la tecnología que nos mantiene en contacto, nos guste o no.

  
Pero un buen día, le echas un par y abandonas el grupo. Y ahí se termina el problema. O quizás te acabas de crear otro.

13 de agosto de 2014

Brando

Dicen quienes conocieron a Marlon Brando en persona que era muy directo, decía sin tapujos lo que pensaba y hacía preguntas incómodas. Por lo visto sus interlocutores se rendían ante él sin poder evitarlo. Yo pienso que se lo consentían por ser una mega estrella, guapo y con dinero... durante la mayor parte de su carrera, claro. A medida que iba decayendo su fama, su aspecto y su fortuna, se fue aislando de todo y todos hasta convertirse en un recluso.
A mí en el fondo me encantaría tener una manera de ser tan directa y pasota, pero no me dibujaron así. Además, como no soy famosa, guapa y rica, pocos iban a aguantarme. A estas alturas de la vida estaría ya como Marlon Brando al final de sus días. Pero sin mansión. Y sin isla privada. Y eso, sí que no.